De Luís Sáez

A PROPÓSITO DE LOS ARTÍCULOS Y ENSAYOS DE FERNANDO T. PÉREZ GONZÁLEZ
Luís Sáez Delgado

(Texto leído en la presentación de Artículos y Ensayos en la Feria del Libro de Badajoz, 15 de Mayo de 2013)

Creo que es de justicia comenzar agradeciendo a todos ustedes su presencia y al Ayuntamiento de Badajoz esta oportunidad, en una renovada Feria del libro. Y, claro, a los responsables de la publicación del libro, al Servicio de Publicaciones de la UEX, bajo la especie de elogio del trabajo del profesor Miguel Ángel Lama, en cuya etapa como director del servicio se gestó, decidió e impulsó la reunión de estos textos.

En segundo lugar, es preciso el elogio de los editores del texto, Fernando Pérez y Asunción Fernández: gracias a ellos tenemos este trabajo espléndido, pese a la dificultad emocional que entrañaba. Un trabajo paciente de editores (casi filológicos) que se acompaña de un prólogo que salva todas las dificultades que pueden ofrecer las tareas ciclópeas que acometió Fernando Pérez y que resuelve, en un panorama sencillo e inspirado para el lector no experto, las pieza esenciales y ordenadas que conforman el entramado de los textos -y del aliento- de Fernando T. Pérez: las inquietudes, la genealogía intelectual, los valores, el método, la sabiduría y los hallazgos. Sólo podemos reprocharles que sea tan breve, pero de esto hablaremos al final.

Y dejo para el final de los agradecimientos uno especial: a la familia, a ese colectivo que conocemos, cariñosamente, como «los Pérez». Ellos, junto con Susi y Fernando, me invitaron a presentar el libro.

Yo apenas conocía a Fernando, me refiero a personalmente: hablé con él, claro, publicó un libro mío muy querido, Un duelo privado, incluso recuerdo una de sus últimas visitas a Badajoz acompañado de "varios Pérez" a la feria del libro. Sin embargo, sí conozco muchas cosas de Fernando Pérez, porque sus amigos, sus muchos amigos acudían a su enseñanza (tan divertida, tan sensata) continuamente: Francisco Muñoz, Julián Rodríguez, Chema Corrales, Álvaro Valverde, Antonio Franco, Luisa Merino, Engracia Domínguez…y muchos más… todos aquellos con los que trabajé en la Consejería de Cultura se remitían a la sabiduría y conocimiento, y a la nostalgia, de Fernando Pérez. De entre todos, hay una persona que de forma especial echaba de menos a Fernando Pérez y que, al mismo tiempo, fue quien más me habló de él, me refiero a Mª José Hernández, su más directa colaboradora y la persona que hoy más sabe de hacer bien libros en Extremadura. Muchas, muchas veces le pregunté (muchas veces porque soy muy metepatas) qué hacía Fernando Pérez en este momento, o qué haría ante esta situación.

Por eso cuando la familia me pidió que presentase este libro, pensé que había un exceso de cariño hacia mí, y que no era el más apropiado. Que igual era mejor alguien que sí hubiese tratado a Fernando T. Pérez. Pero ahora me doy cuenta de que puede que aporte una visión diferente: yo tengo mi memoria evangélica de Fernando Pérez González y una insatisfacción muy fuerte que ahora sólo podemos calmar, todos, acudiendo a su obra, en sus libros. Y se trataba de presentar una obra de obras, suya.

Y fatigando esta summa me convencí de algo imposible o al menos muy difícil, de que debemos pensar a Fernando Pérez con una luz diferente: tamizada por la fuerza de las emociones, sí, claro, pero diferente. Ha llegado el momento de entender a Fernando Pérez como entendemos a los grandes maestros intelectuales: con la empatía de la razón y la emoción de lo intelectual y el compromiso.

Es posible que esa condición de gestor activo, de personaje contemporáneo que tanto hemos resaltado, su relevancia como editor y protagonista de la cultura, haya ensombrecido, como si se tratara de una especie de camino previo, la figura del intelectual, que es para mí la más importante, porque nos ilumina, hoy, en un momento muy complicado. O puede que no sepamos ver que, igual que hay un camino y una explicación que va del profesor al editor, hay otro camino de vuelta, muy importante, y que en él es constante. Si tuvimos al gestor es porque ahora tenemos para siempre al intelectual.

Sólo hace falta picotear en este volumen, confirmar temas y fechas, pasear un poco por el índice para entender esta magnitud. Les ruego que me acompañen a una breve visita guiada.

En su primera parte, titulada “Contribuciones a la Hª del pensamiento español” el lector encuentra veintitrés ensayos, la casi totalidad dedicada al XIX, con algún texto de la Ilustración y dos artículos sobre la Biblioteca de Barcarrota. Y con esa bisagra que en Extremadura es tan importante en el salto de época y siglo que supone Godoy y sus alrededores. Esta es una sección con nomina, si queremos, con alineación: José Álvarez Guerra, arranca una nómina en la que continúan Marcelino Calero Portocarrero, Ventura Reyes Prósper, José Segundo Flórez, Francisco Javier Álvarez, Leandro de Santibáñez o el inevitable Godoy, junto a otros muchos, muchísimos nombres de un panteón extremeño que pide a gritos su renovación, una renovación que Fernando Pérez prolongó editorialmente en las colecciones Rescate y Estudio, y que dirigió hacia el siglo XXI en las colecciones Poesía y La Gaveta.

La segunda parte del volumen lleva por rótulo “Edición y crítica” y se compone de catorce textos. A veces muy dispares: artículos de periódico frente a textos con un destino mucho menos efímero. Pero es la oportunidad de leer al Fernando Pérez más irónico, el que tiene el reto de la agilidad en muy pocas palabras, el maestro de las palabras.

También es esta una sección más compleja, en la que el lector encuentra tanto el trabajo del profesor como del investigador, y así ocurre con uno de los textos que, además de las condiciones heroicas en que fue redactado, reúne lo mejor de la escritura y capacidad de comprensión de una época y un lugar: La Ilustración pasa en Berlina, de Extremadura en sus páginas. También aparecen desde reflexiones sobre Gonzalo Hidalgo Bayal u Ortega Muñoz, hasta una nota deliciosa sobre Pedro de Lorenzo o una reivindicación de Correos. Pero los ejes que mueven esta sección serán la reflexión sobre la edición, la lectura como actividad primordial, el ensayo como género de su tiempo, siempre en el momento de su escritura, rayando el siglo XXI o ya iniciado... y no puedo olvidar un texto imprescindible, que en parte firma también nuestra querida Isabel Mª Perez: Azorín en Santa Marta, la evocación más emocionante y bien escrita que sobre el padre, un autor del que queda tanto por decir, Fernando Pérez Marqués, escribió Fernando Tomás Pérez González.

Al leer el libro o incluso al atender a este menudeo de las piezas en el índice, el lector se encuentra con una primera parte entregada al XIX y otra, algo menor, al XXI (a la última parte del XX y siempre mirando al XXI, porque los textos miran, sobre todo, al futuro, son textos de esperanza). Y es posible que encuentre que algo falta. Con razón: le falta todo un siglo. Pero pronto se dará cuenta de que quien hilvana esos textos, quien ha conjuntado las ideas, quien domina los aparejos intelectuales es el protagonista real del libro. Como Montaigne, él es su libro. Es decir, Fernando Pérez es el héroe de aquello que falta: es un héroe del siglo XX.

Y es que resulta imposible no leer este libro como un libro de actualidad. Para eso hace falta ser un clásico. Creo que este libro, y la obra de Fernando Pérez en conjunto, debe ser entendido -y está llamado a ser- como un clásico, aunque tengamos que recurrir a la cita tan oída de Calvino: un libro que siempre, y en diferentes momentos, dice algo que nos interesa, que llega en el momento justo. Y este libro, que atiende fundamentalmente a dos temas relacionados, como son el progreso de Extremadura durante el siglo XIX a través de la cultura y la educación -y que conviene leer con atención, ahora que por una paradoja social el futuro nos acerca tanto al siglo XIX- y el progreso de la Extremadura del XXI a través de la cultura escrita, es en ese sentido un clásico, un libro de rabiosa actualidad. Pero esa condición de clásico llega también porque el enfoque de Fernando Pérez, el punto de vista intelectual, más allá del método, es aquel que nosotros necesitamos: Fernando Pérez hace esa parte de los estudios culturales que más rigor e interés tiene, hace historia de las ideas. Y a esto se suma una circunstancia que resulta imprescindible: estos ensayos resultan en su lectura tan a la francesa porque llegan armados de un sólido e inapelable aparato anglosajón.

A Fernando Pérez Marqués se ha denominado, con deliciosa imprecisión, un caballero inactual. Reconozco la belleza de esta denominación, y la oportunidad en su momento. Pero me resulta imposible no pensar en su hijo, en el Fernando Pérez que hoy recordamos, como el caballero más actual del mundo; y me temo que, hoy, ahora, tenemos una perspectiva que sí nos facilita su ubicación: Fernando Pérez es, el autor de estas páginas fue, un modelo acabado de intelectual del siglo XX. Incluso la prosa azoriniana que tanta raigambre familiar encuentra es, querámoslo o no, una prosa decimonónicamente imposible.

Fernando Pérez es un modelo de intelectual del XX, acaso el modelo más acabado de intelectual de su tiempo en Extremadura, el que une la tradición del primer tercio de siglo con las inquietudes de la juventud que crece en el tardofranquismo, que sale a Europa y protagoniza la transición, y que se involucra en la transformación que conocía en esa Europa anhelada y que, muchos años más tarde, llega a nuestro país y a nuestra región. Fernando Pérez es el intelectual del XX: a un tiempo el Walter Benjamin de la mirada nueva a la realidad y el Albert Camus pensador y hombre de acción. Por eso en su complejidad intelectual resulta imposible definirlo con una única etiqueta; pienso en modelos españoles con los que puede medirse sin temor: Fernando Pérez es, en estos textos y en toda su obra, Jaume Vicens Vives y Luis Díez del Corral, tanto como Manuel Sacristán o José Carlos Mainer. Es en esa relación, en ese horizonte académico donde debe estar situada esta obra, y para eso es necesario, ya, que su presencia pública sea intemporal, y feliz en sus obras: a Fernando Pérez hay que acercarse ya con las herramientas del historiador de la cultura. Este libro es, en ese sentido, una oportunidad: para estudiarlo por dentro y para situarlo por fuera, en las grandes corrientes del pensamiento crítico español y europeo de nuestro tiempo.

Nada del estudio de las ideas le fue ajeno. Pienso, por ejemplo, en la educación: cómo en los textos de este libro presenta el valor de la educación en Extremadura, y el rastro que a su través Extremadura quiere buscar en Europa. Así, este es un texto que habla de muchas cosas, pero que al cerrarlo deja en la memoria una certeza con la que quiero terminar mis palabras: la dificultad y, al mismo tiempo, la imperiosa necesidad de la educación. Este es un libro que a veces se lee con el ritmo y el tono de la épica sosegada de los pioneros de la educación pública en Extremadura del XIX, y que consigue, con la fuerza de una argumentación tan sólida como sutil, hacer evidente lo que debería serlo hoy: el motor del progreso de Europa, de España y de Extremadura ha sido, y casi únicamente, el impulsado por la educación pública, y los momentos de desarrollo y bienestar han coincidido con la inversión y el valor que esta tenía.

Por eso nuestro reconocimiento agradecido a los editores, por poner en nuestras manos este libro. Me gustaría referirme, para terminal, al editor que me acompaña en esta mesa.

Ese peso, el de la edición de un volumen como este, es mayor si atendemos al peso de la responsabilidad que entraña ser el tercer Fernando Pérez en la cultura en Extremadura. Fernando Pérez Fernández, profesor de filosofía, traductor, experimentado en la trastienda del mundo de la edición, conocedor absoluto del panorama literario y de nuestro pasado cultural reciente era la persona indicada para entregarnos esta edición, y otras que si no han llegado es por su timidez.

En todo caso, este no es el final. Es el principio: ahora ya están disponibles muchos materiales de Fernando Pérez: es el momento de la investigación, de la reedición de los textos de Fernando Pérez que se encuentran con dificultad, de incardinan al pensador, al investigador, de aprovechar su enseñanza. Gracias a todos.